¿Alguna vez te has comido el menú? Por lo general uno come la comida, después de elegir su preferencia en el menú. El menú y la comida pertenecen a dos planos de la realidad muy diferentes. Si espera comer el menú, podría morir de hambre.
 
Lo mismo ocurre cuando un emprendedor descubre una magnífica idea de negocio, una fabulosa oportunidad. Si se queda contemplando sus buenas ideas, sin entrar en acción, podría morirse de hambre. Las buenas ideas y  los buenos resultados pertenecen a dos planos de la realidad muy diferentes.
 
La única conexión entre las buenas ideas y los buenos resultados es la acción. La praxis convierta las buenas ideas en buenos resultados.
 
Pero…
 
¿Por qué, con suma frecuencia, las personas mueren de hambre con grandiosas ideas; con el menú en sus manos?
 
¿Cuáles son esos factores paralizantes que dificultan el paso a la acción y el logro de los resultados soñados?

Si usted piensa o sueña que puede, debe empezar. La osadía posee genialidad, poder y magia. Atrévete a hacerlo y el poder le será dado” Goethe

Aquí te presento tres enemigos que te arrebatan ese poder. Es hora de conocerlos, mirarlos de frente y deshacerte de ellos.  Toma el poder que está reservado para ti, logra tus metas, realiza tus sueños; ¡adelante!!!

El acelerador y los frenos: las emociones

Se ha definido al hombre como “animal racional”, pero a la hora de entrar en acción actúa conforme sus emociones. Nuestras emociones predominantes nos definen como persona, porque somos seres corpóreos y el cuerpo responde más a las emociones que a los pensamientos.
 
Es muy común separar lo físico y lo sentimental como dos mundos opuestos entre sí en nosotros. Sin embargo, la ciencia está haciendo demostraciones de cuán vinculados están nuestras emociones a nuestro cuerpo físico. La manera como el cerebro toma control sobre el cuerpo es a través de las emociones y son ellas las que nos ponen en acción o nos detienen.

“El impulso es el instrumento de la emoción; la semilla de todo impulso es un sentimiento que estalla por expresarse en la acción” Daniel Goleman

Las emociones constituyen los impulsos para transformar una idea en acción, y la acción, gracias a la repetición, en un hábito. Son los hábitos los que finalmente nos conducen al éxito o al fracaso.
 
Si las emociones dominantes en ti no te dejan entrar en acción, generan en ti el hábito de la inacción, que provoca una parálisis existencial, porque te saca del fluir de la vida que necesita que estés activo para producir milagros en tu existencia.
 

3 factores que te impiden entrar en acción y lograr grandes resultados

Los tres factores que impiden entrar en acción son: la racionalización excesiva, el temor y la procrastinación. Ahondamos brévemente sobre cada uno:
 

1. Dictadura del hemisferio izquierdo del cerebro

Mucho análisis causa parálisis es un dicho bastante popular, que representa la dificultad de actuar cuando el “cerebro analítico” pretende saber todo, tener todo bajo control, prevenir todo, antes de actuar.
 
El lado izquierdo del cerebro se ocupa de la actividad crítica. Compara, analiza, establece relaciones tipo causa-efecto, etc. Si bien es una necesidad recurrir al análisis a la hora de emprender, demasiado análisis es contraproducente a la hora de entrar en acción.
 
Esta parte del cerebro opera con el pasado. Cuando acapara nuestra actividad mental y no hay relajo para la imaginación y la creatividad, la consecuencia es la inacción. Es como quedarse leyendo el menú y analizando los componentes, investigando el origen de los ingredientes, calculando las calorías, etc., y morirse de hambre en el proceso.
 
El entusiasmo que activa la magia que provocan los grandes resultados tiene su origen en el hemisferio derecho del cerebro. Producto de la imaginación creativa y la visión de un futuro posible.

La acción se desencadena cuando la mente prioriza la contemplación del futuro deseado ante al análisis minucioso del pasado.

No existe el negocio perfecto, la estrategia perfecta, el plan perfecto. Pero el mejor negocio posible, la mejor estrategia que sirve y la planificación más efectiva, serán siempre aquellos que se llevan a la práctica. Sin la acción, las oportunidades se escapan.

2. El temor

El miedo es la emoción más paralizante que experimentamos los seres humanos. Cuando experimentamos temor asumimos una actitud defensiva ante la realidad. El mundo exterior tiene poder sobre nosotros, nos volvemos meramente reactivos, anulando nuestro potencial creativo.
 
Para profundizar al respecto, leer: 5 maneras en que el estrés acaba con tu prosperidad
 
Cuando hay una amenaza real para nuestra integridad (como el asecho de un tigre, por ejemplo), el temor actúa como alerta y cumple una función de defensa. Dicha funcionalidad del temor puede darse de dos maneras:
 
Por un lado, prepara al organismo para la huida, agudizando los sentidos y concentrando toda la energía en cierta región del organismo involucrados en la defensa. De esa manera terminamos corriendo distancias increíbles en tiempos records, saltamos de lugares insospechados, ect.
 
Por otro lado, el temor puede paralizar, literalmente hablando, todo el organismo, al punto que la persona queda inconsciente, desmayada. Esto también es un mecanismo de defensa grabado en nuestro gen, desde la era de las cavernas. Está en nuestro subconsciente la información de que en algunos casos es mejor quedarse quieto o aparentar la muerte para quedar a salvo de algún depredador que prefieren alimentos vivos; al desmayar, quedamos fuera de su interés.
 
Si bien estos mecanismos nos fueron útiles por milenios para sobrevivir, ya son inservibles hoy en día. Los animales feroces que carcomen nuestra existencia hoy en día son mucho más sutiles, pero seguimos reaccionando de la misma manera inconscientemente.
 
Esto se debe a que se produce una asociación inconsciente entre lo que consideramos una amenaza y nuestras memorias genéticas de reacción ante un peligro. Pero muchas veces, lo que consideramos amenazas no son reales, sino  simples interpretaciones erróneas, pero reaccionamos como si estuviéramos frente a un león salvaje.

Los principales factores atemorizantes que paralizan a las personas hoy en día son:

Miedo al qué dirán: Nos quedamos paralizado ante la idea hacer el ridículo, de cometer un error, de disgustar a alguien, de no caer bien a todos, o simplemente, la crítica que podríamos recibir por lo que decimos o hacemos.
 
Consideramos amenazante cuestiones tan sutiles como esas porque fuimos educados para ser “normal” y de esa manera ganarnos el aprecio y el apoyo de las personas que nos rodean. Renunciamos a ser originales, decir con sinceridad lo que pensamos y hacer con libertad lo que nos gusta, porque podría poner en peligro nuestras buenas relaciones. Renunciamos a nuestra creatividad y originalidad, y empezamos a reaccionar a lo que propone el ambiente, a defender nuestro ego y quedar estancado en la existencia.

“He descubierto que el primer factor del fracaso es el deseo de caerle bien a todos” (No sé quién lo dijo, pero leí por ahí y me gustó)

Miedo al futuro:La incertidumbre de lo que podría pasar mañana es otro factor por la que no entramos en acción. Imaginamos siempre el peor escenario. ¿Y qué pasa si…? Y completamos el interrogante con mil cosas negativas.
 
Es un imposible pretender asegurar lo que va ser el futuro. “La mejor manera de predecir el futuro es inventándolo”. Es decir, asumir la total responsabilidad de lo que va pasar en mi vida de hoy en adelante y dar lo mejor de mí para lograrlo. De lo contrario, el futuro siempre será incierto y peligroso.
 
Miedo al éxito: Aunque parezca contradictorio de buena a primera, muchas personas no actúan ante una buena idea por miedo a asumir el rol de una persona exitosa. El éxito nos convierte automáticamente en líder, porque las personas sienten la necesidad de seguirnos.
 
Esa responsabilidad de asumir el protagonismo y modelar unos resultados ante los demás suele un factor atemorizante.
 
La acción es la mejor cura al miedo. “Haz lo que más teme y vencerá el miedo. Esto es porque la acción te permite tomar conciencia que el temor no estaba sustentado en algo real, sino en una mera interpretación errónea.

Es una materia pendiente aun en la mayoría de los sistemas educativos lo que se conoce como “Inteligencia Emocional”

3. Procrastinación

El hábito de “dejar para mañana lo que podrías hacer hoy”. La postergación de las tareas esenciales para lograr una meta determinada tiene mucha relación con los dos puntos anteriores. La racionalización excesiva y el temor suelen ser ingredientes esenciales en este hábito.
 
Pese a ello incluyo como un factor independiente por que tiene que ver justamente con la práctica, y más aun con la práctica repetitiva de una conducta que crea en nosotros el hábito.
 
Un clavo saca a otro: un hábito sustituye a otro. Por lo que está claro que la manera de salirnos de este pernicioso hábito en el camino del éxito es creando hábitos más saludables, relacionados a la acción.

Adquiere el hábito de entrar  en acción inmediatamente. El primer paso para lograrlo es establecer claramente las prioridades, las cosas que son verdaderamente importante, y empezar a realizarlas en ese orden. El orden y la disciplina suelen ser progenitores de otras virtudes indispensables para el éxito.

El milagro ocurre mientras estás activo

Cuando una pequeña abeja recorre kilómetros y trabaja duro acarreando polen para producir miel. Pero esa acción, por añadidura permite el milagro de la reproducción vegetal. Podemos vivir sin miel, pero no sin vegetales.
 
De igual modo, la acción nos permite recibir las cosas más importantes y maravillosas de la vida, como añadidura. Nadie sale un día con la tarea de encontrar su pareja perfecta. Más bien, al salir a cumplir con las tareas diarias de buena gana, o a disfrutar con los amigos, por añadidura la vida le pone en el camino a la persona adecuada.
 
La mejores cosas de la vida no son planeadas, pero sin embargo nos ocurren mientas estamos en movimiento, en acción, en busca de concretar nuestras metas. La acción es la llave de la buena suerte, la mano invisible que nos bendice con todo tipo de bendiciones, la conexión directa a la fuente de la creación, la llave de la abundancia.
 
Una acción produce milagro al permitir el fluir de la vida, que es constante movimiento, renovación, crecimiento, novedad, creación.

El éxito es un juego. Cuanto más juegue, más ganará y cuanto más gane mejor jugará

La vida es dinamismo y el dinamismo de la vida es la fuente inagotable de la prosperidad.
Milciades Villalba Santos

Milciades Villalba Santos

Autor

Empresario de Networt Marketing, bloguero, orador, coach y educador de emprendedores.

Este blog es resultado de dos cosas: El sueño de ser un escritor, y la tranformación que supone en mi vida convertirme en empresario del Siglo XXI.

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