“Cuando ayudes a suficiente personas a lograr sus sueños, lograrás todos los tuyos”
Es una popular frase atribuida a Zig Ziglar, que evoca el principio de prosperidad, “dar para recibir”.
Cuando tu actitud cotidiana es la de dar lo mejor de ti a la vida, la vida a su vez, te ofrece lo mejor de ella.
“Lo que no das, se te quita”. No importa lo mucho que te aferres a lo que crees tener, ni lo precavido que seas con tus cosas, si no estás dispuesto a dar, no obtendrás más de lo que deseas y  la vida te quitará lo que más atesores; no precisamente el dinero, sino aquello que el dinero no podrá reponer.
Crees que de algún modo la vida ha sido injusta contigo. Que la mala suerte te persigue. Que el destino parece reír de ti y de tus más anhelados deseos. No entiendes por qué no estás logrando lo que más anhela, por más esfuerzo que pongas.
Déjame decirte: la vida te está dando lo mismo que tú.

En ti está todas las respuestas, la solución y la fuente verdadera de todo lo que esperas. Por eso es vital comprender cómo funciona este principio, activar la clave de la prosperidad y gozar de una vida de abundancia.

Dar para recibir

El principio “dar para recibir” es reconocido en todas las culturas milenarias, y promulgado por grandes sabios y maestros de la humanidad. Entre ellos el maestro Jesús.
Las mayores alegrías y la más plena felicidad del hombre están en la satisfacción de dar y dejar un legado.
“El anhelo más profundo del corazón humano es la necesidad de vivir por una causa mayor a sí mismo” (Robin Sharma)

Nos sentimos inspirados y admirados por aquellas personas cuyas vidas significaron un avance de la humanidad.

El principio de “dar para recibir” funciona con la ley universal de “causa y afecto”; la vida te devuelve lo que das. Si das cosas buena, que beneficie y edifique a los demás, recibirás cosas buenas de la vida.

¿No tienes nada para dar?

Hay quienes piensan que no tiene nada para dar. Sólo porque están en ruina financiera y la escasez ocupa totalmente su atención.

Cuando crees que no tienes nada para dar, eres realmente miserable y solo crearás miseria en tu vida. La realidad es que somos una fuente inagotable de cosas buenas, tenemos mucho que dar en cada momento.

No puedes llegar a los grandes logros que desearías sin antes dar de ti cosas que verdaderamente tienen valor. Como tu tiempo, tu esfuerzo, tu perseverancia en la acción, tu respeto y amor por lo que haces, tu capacidad mental, etc.

No se trata de dar dinero nada más.

“Quien solo tiene dinero para dar es alguien realmente pobre”.

No obstante, si estás desarrollando un negocio, sabes que primero necesitas invertir, dar dinero y tiempo, para cosechar dinero y tiempo. Si no empiezas invirtiendo no puede haber negocio.

Lo más importante no es el objeto que das, ni la cantidad, sino la actitud con que realizas la acción.

 Lo que realmente te conecta a la prosperidad no es lo que das en concreto, como pagando por algo una cantidad, una especie de soborno a la vida, a Dios o al universo.

Lo que verdaderamente te conecta a la prosperidad es la intención que pones en la acción. Es el impulso que sientes dentro de ti de poder contribuir y causar un bien. Esa fuerza que nace en tu corazón es la que hace la diferencia. Lo que provoca los resultados siempre radica en lo que eres en tu interior, en tus pensamientos y sentimientos más profundos.

Si experimentas sufrimiento, dolor, al dar, significa que estás apegado a las cosas y que sientes miedo de quedar sin nada. Eso es mentalidad de escasez; eso produce miseria. Destierra de tu corazón la duda, el temor, la inseguridad, y todo tipo de pensamientos y sentimientos de escasez; ese es el propósito de esta práctica.

Cuando das, cuando llevas a la práctica estos tips que te sugiero a continuación, hágalo con amor, con entusiasmos, con fe, esperanza. Con la conciencia cierta de que el universo es abundante y tú eres un canal de manifestación de esa abundancia.

 5 maneras de llevar a la práctica el dar

1. Dar siempre más de lo que se te pide.

No seas de lo que se limitan a dar apenas por lo que se le paga. Sé generoso con tu servicio, con tu trabajo, en todo lo que hagas. No podrás acceder a cosas mejores hasta que seas demasiado bueno para el puesto que ocupa actualmente.

Cuando eres demasiado bueno para lo que te pagan, aparecerá una oportunidad que te recompense lo que estás dando y/o  algún aspecto de tu vida empezará a mejorar. La recompensa no te viene de tu trabajo, sino de una fuente superior de abundancia.

Cuando crees que la retribución monetaria que recibes por tu trabajo es injusto, que estás dando demasiado de ti mismo a cambio de un pago inmerecido, nunca te quejes ni te pongas a criticar. A menos que quieras más de lo mismo e incluso empeorar las cosas.

Mantén tu actitud de gratitud por la oportunidad de trabajar y dar lo mejor de ti. Abre tu mente a nuevas oportunidades y prepárate para avanzar.

Cuando mantienes actitud positiva obtienes la energía para avanzar.  Pero cuando te quejas o criticas, te envuelves en una energía de víctima, de impotencia, y no podrás avanzar.

2. Ofrece al mundo un servicio o un producto cuyo valor sea mayor que el precio.

El precio es la suma de dinero que uno abona por un servicio o producto. Pero el valor es el beneficio que el producto o servicio aporta en la vida del consumidor.

Si vendes algo, asegúrate que el beneficio que recibe tu cliente sea siempre superior al dinero que te da a cambio. No cobres a nadie un alto precio por un producto o un servicio de poco valor para su vida.

El costo de esa injusticia puede ser mucho más alto de lo que estás dispuesto a pagar.

Practica la sabiduría a la hora de negociar.

A veces, el precio de tu producto es justo, pero la persona a la que estás vendiendo el producto realmente no se va beneficiar. A lo mejor es un artefacto que no será funcional para su vida. Por ejemplo, por qué tendría que vender, por más barato que sea, una super computadora a un indígena que vive en medio del bosque sin energía eléctrica. Sería mejor que invierta su dinero en víveres, encendedores, linternas o algo que sea de mayor utilidad para su vida.

A la hora de encarar tus negociaciones, ponte en el lugar de tu cliente, busca que salga beneficiado de la operación que  realice contigo. Esto es lo que Stephen Covey llama “ganar-ganar”. De la relación comercial que la otra persona establezca contigo, que ambos salgan ganando.

El mundo necesita salir de la competencia para entrar en la cooperación. La competencia es conciencia de pobreza, la cooperación es  conciencia de prosperidad.

3. Mantente en la expectativa de una ocasión para servir y brindar ayuda. 

Todo lo que des a la vida cuenta a tu favor. Te conviene estar “siempre listo para servir”, porque generas la energía que atraerá en tu vida todo aquello que necesites, en el momento que lo necesites.

En cada momento algo podemos dar. Una sonrisa, una mano de ayuda, un vaso de agua, un saludo, una buena compañía, un buen consejo, etc.

En la era en que vivimos, algo muy valioso y vital que todos podemos dar es conocimiento. Conectar a las personas a informaciones que les pueda ayudar a mejorar su vida, a mejorar la vida de la que gozamos todos.

Todos nacemos con un don especial, un talento único, algo en lo que somos bueno en particular y por lo general amamos hacer. Lo mejor que puedes dar a los demás, a la vida, es tu talento. Poner al servicio de los demás tu talento único pueda abrirte las puertas de muchas oportunidades.

4. Dona la décima parte de lo que recibes a una causa noble.

El diezmo es una práctica milenaria, apoyada por la mayoría escuelas de sabiduría de la antigüedad.

La esencia de diezmar es justamente dar el mejor fruto de la riqueza que a uno le toca administrar para el mayor bien de la humanidad. Lógicamente, ese mayor bien, el propósito último de la vida humana, apunta a los logros espirituales. Por cuanto que el diezmo fue instalándose en instituciones religiosas y por ese intermedio es que se convierte es un principio de práctica universal.

No importa la religión o creencia que profese, la práctica del diezmo instalará en su mente la abundancia. Cuando dona dinero, en su mente cree que hay suficiente como para dar. Así mismo, genera causas que moverá bendiciones en su vida.

5. Brinda alegría, entusiasmo y buena vibra a tus pasos. Comparte felicidad. 

No es posible prosperar en la tristeza.

Seguro escuchaste o viste que “no hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”.

Regala a ti mismo y la gente que te rodea una sonrisa, un alago, un aprecio sincero, un beso, un abrazo, algo que lo haga feliz, lo eleve en vibración, en alegría. No hay nada más valioso que puedas dar. Es algo que está al alcance de todos, sin excepción.

Puedes repartir dinero por la calle o donar el 50% de tus ingresos a 5 iglesias. Pero si no tienes alegría y gratitud en tu corazón, de nada sirve. No importa cuánto dinero tengas acumulado en el banco, eres un ser realmente miserable. Busca la alegría y la felicidad para ti y para todos los que te rodean, enfoca tu atención a las cosas bellas de la vida, la felicidad será abundante para ti.

Siembra y cosecharás

Finalizo con dos detalles.

1. No siempre recogerás donde has sembrado.

En algunos casos, todo el bien que haces a unas personas no serán nunca valoradas y apreciadas por esas personas. No te preocupes, ayúdale y sírvalo de igual modo con alegría y amor.

La recompensa vendrá en su debido tiempo y con abundancia, a través de otros medios, de otras personas, otras circunstancias.  No te preocupes de la cosecha, si estás sembrando, cuando llegue el momento la cosecha florecerá y los frutos llegarán.

2. No te aferres a recibir la recompensa de inmediato.

Eso es dar pero pensando egoístamente en recibir. El principio no funciona así. Cuando más apegado estás en recibir, menos generosidad nace en ti, y menos felicidad tendrás en la vida.

Cuando solamente te enfocas en dar lo mejor de ti, recibirás solamente aquello que te hagan el bien y te provoca felicidad.
A la acción

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Milciades Villalba Santos

Milciades Villalba Santos

Autor

Empresario de Networt Marketing, bloguero, orador, coach y educador de emprendedores.

Este blog es resultado de dos cosas: El sueño de ser un escritor, y la tranformación que supone en mi vida convertirme en empresario del Siglo XXI.

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