Una opinión muy común entre los filósofos de la educación es que ésta consiste en un “proceso que permite el desarrollo pleno de las potencialidades humanas”. Otros la definen directamente como “proceso de humanización”, considerando la humanidad misma de la persona como una tarea a ser construida socialmente.
No está en mi ánimo filosofar respecto al concepto de la educación, ni plantear problemas antropológicos.  Más bien, quiero basarme en esas concepciones clásicas de la educación para tratar de analizar nuestra realidad educativa.
Me gustan estas ideas por tres motivos. Primero, porque creo que el ser humano es infinito y su perfeccionamiento es constante; es decir, nuestra naturaleza más plena es cambiar y crecer. Segundo, porque el término educación está tomado en su máxima extensión, incluyendo el proceso que vivimos desde el nacimiento hasta nuestra muerte y no sólo el proceso escolar. Y, tercero, porque las potencialidades humanas incluyen cualidades físicas, psíquicas, intelectuales y espirituales; es decir, los planos invisibles (espíritu, pensamientos, emociones) y el plano visible (físico).
Es muy común en la actualidad escuchar el sabio consejo “invierte en tu educación”. Pero en la mayoría de las veces como sticker publicitario de algún comerciante de carreras universitarias. Quizá por este motivo, cuando se menciona la palabra educación, automáticamente la gente piensa en dinero y en lo “caro” que es hoy en día estudiar. Y si se trata de alguien que no está en condiciones de pagar una colegiatura, sencillamente renuncia a su “educación” y siente desvanecerse su autoestima bajo el estigma “si no tienes estudios no eres nadie”. Qué mal ha hecho a las personas el comercio educativo y la certificación oficial (el famoso RECONOCIDO POR EL MEC) que discrimina a las personas entre los que saben y los burros de dos patas, entre los que pueden encontrar un empleo digno, y los que deben resignarse con lo que “le toca”.
En la actividad a que me dedico, a menudo invito a las personas a participar de talleres y seminarios educativos de primer nivel, algunos de jerarquía internacional, gratis o casi gratis. Y le veo el cerebro de cucaracha a la persona que pone su “cara de menso” y me pregunta  – ¿y se va expedir certificadooooo…? Automáticamente le digo, – yo te aviso. Pero después, a la media hora le envió un mensaje diciéndole – que pena por ti, se expide certificado pero ya no hay lugar, porque me da la certeza de que se trata de una persona de esas que acumulan títulos comprados, con exámenes fraudulentos, trabajos plagiados, sin importarle en lo mínimo el conocimiento sino el cellito, y convertirse en un seudo-profesional mediocre con mentalidad de peón acomodado. Ya lo dijo el sabio “no deje que tu currículo sea la única prueba de tu educación”.

En el siglo XXI, en  la era de la información y el conocimiento, la falta de educación es simplemente una falta de responsabilidad

Estamos a un toque de distancia de todo el cúmulo de conocimiento que se genera segundo a segundo a nivel mundial, e independientemente a la edad, sexo, religión, nivel cultural y económico, podemos convertirnos en discípulo de los máximos maestros del pasado y del presente de la humanidad, sea en el arte, la ciencia, la tecnología, los negocios, la espiritualidad, la psicología, y cualquier campo de conocimiento que nos pueda interesar. La verdadera educación, la que en verdad sirve para lograr la excelencia en los distintos quehaceres humanos está totalmente al alcance de cualquier persona que quisiera aprovechar, pero la mayoría no se da cuenta porque se encuentra sesgado por el paradigma tradicional de lograr un título y buscar un empleo, paradigma sostenido por la burocracia gubernamental para beneficio del negocio de los amigos, dueños de universidades, que venden títulos, pero con una formación arcaica, que en su mayoría no tiene campo de aplicación en la nueva economía y las mega tendencias del siglo XXI.
La historia se repite, y así como los países que hoy en día se encuentran en vía de desarrollo son aquellos que llegaron tarde a la era industrial, o nunca salieron de la era agrícola (dependientes de la producción de la tierra como es el caso de nuestro país), así también, los países que hoy se atrasan en ingresar a la era de la información (informática) y el conocimiento, seguirán siendo el patio trasero del mundo. Es por esta razón que el título de estas reflexiones invita a que cada uno asuma la responsabilidad de su propia educación, atendiendo a que la clase política paraguaya y el sistema educativo vigente están año luz de distancia de lo que uno necesita aprender para ser protagonistas de nuestra propia era y aprovechar la abundancia de oportunidades que nos ofrece la nueva economía.
No podemos llamarnos seres humanos si no somos seres libres, y ser libre implica fundamentalmente asumir responsabilidad. Esta es la falla que debemos superar en nuestra sociedad: el problema principal del proceso educativo, más allá de la formación intelectual, es la formación actitudinal, que incluye el conocimiento pero fundamentalmente depende de la base emocional y espiritual.
Cuando la educación desconoce las cuatro dimensiones de la persona, atendiendo solamente a la dimensión intelectual, en vez de liberar a la persona, lo aliena. Porque coarta gran parte de la potencialidad creativa del ser humano; es decir, la capacidad de crear aplicando la imaginación, la fe y los poderes inherentes al espíritu humano. Es imposible lograr el progreso sin ese poder creativo, cuando la realidad nos demuestra que es la creatividad y la capacidad de liderar los procesos de cambio lo que hoy en día logra imponerse en el mundo, como por ejemplo los gigantes de internet, Google, Facebook, Twiter, Youtube, Amason, ivoox, Wikipedia, Microsoft y otros tantos que están marcando estilos y tendencias, más allá de instituciones milenarias que han dominado por siglos el mundo entero. Lo único que necesitaron estas empresas fue una combinación de imaginación creativa, visión, fe, y la pasión resultante; cualidades que no se observan en el proceso educativo a que estamos acostumbrados.
Cuándo vamos a educarnos para ser dueños de nuestro destino, asumir la responsabilidad sobre nuestras propias vidas y construir creativamente un plan que podamos poner en práctica, y no seguir siendo parte del plan de unas pocas personas que se enriquecen a costa de la mayoría.
Cuándo vamos a asumir nuestra naturaleza espiritual de hombres libres, y liberarnos del enredo emocional en que vivimos a causa del temor que se apodera de nuestras vidas, simplemente porque fuimos educados bajo amenazas y ya no somos capaces de enfrentar el riesgo a equivocarnos, a cambiar, a hacer las cosas diferente, a necesitar siempre alguien que nos diga lo que tenemos que hacer para echarle la culpa si algo sale mal porque no somos capaces de asumir nuestra responsabilidad.
Cuándo vamos a fortalecer nuestro autoestima como para reconocer y valorar nuestras cualidades, valorar y aplaudir los talentos de nuestros compatriotas encima de los talentos foráneos y saber promocionarnos a nosotros mismos con valentía. Sobre todo, saber valorar y apoyar a los líderes que buscan hacer la diferencia, en vez de pagarle con desconfianza e indiferencia.

Educarnos para SER humano, es educarnos para ser personas libres, responsables sobre nuestras propias vidas. Ser libre implica fundamentalmente hacernos cargo de nuestras emociones, dominarlos y orientarlos conforme a un propósito de vida que al realizarlo podamos dejar un legado a nuestros hijos, algo por lo que se sientan orgulloso por nosotros. Educarnos para ser libre implica salir de la monotonía de vida de la gran mayoría, rosando todos los días la mediocridad y la falta de sentido. Nadie quiere ser parte del montón, pero muy poco asume el objetivo de ser diferente y se educa para lograr hacer la diferencia. Si no deseas seguir siendo del montón, edúcate para hacer la diferencia, hazte cargo de tu educación, ser humano es tu responsabilidad!!!
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