No persigas la riqueza, persigue tus sueños!!!

Perseguir  la riqueza es un error fundamental, un absurdo, pues toda la abundancia del universo te pertenece y está  a tu disposición para cumplir con el fin para la cual has nacido.

Perseguir la riqueza es como construir una trinchera en medio del camino con la intención de sentirse dueño del camino, y no avanzar por él a causa del miedo a perderlo o que otros transiten por él. No!!! Por favor!!! Disfruta del camino, pero sin detenerte, sin apegos, dejando que otros caminen a tu lado, disfruta de su compañía generosamente; al final del camino está la gloria.

Hay suficiente riqueza para todos; de lo que se trata es de compartirlo generosamente con otros, disfrutarlo felizmente, distribuyéndolo sin apegos.
No persigas la riqueza, sino empléala para desarrollar el propósito para lo cual fuiste creado.

Cuando uno va en pos de este propósito siente que el universo conspira a su favor, las bendiciones se multiplican antes sus ojos, desaparecen los miedos y los apegos, fluyendo simplemente con “el latido vital de los siglos, que en ese momento danza en su sangre”, el mismo principio que conduce a todo modo de vida a más vida y mejores condiciones de vida.

La humanidad ha creado conocimientos y tecnologías sofisticadas para mejorar cada día nuestras condiciones de vida, sin embargo, el apego a las cosas creadas, el afán de dominio inherente a la conciencia de la escasez, el sentimiento de carencia, le ha impedido al hombre descubrir el propósito de tanta abundancia, llegando a confundir los medios con los fines. La única importancia del dinero “poder hacer con él las cosas que el dinero no puede comprar”, como el ayudar a otros, desarrollar nuestras potencialidades, disfrutar de nuestro tiempo, cuidar la naturaleza, amar.

Nadie puede ser verdaderamente rico si primero no descubre con qué propósito; para qué quiere riqueza. Pues, la riqueza por la riqueza, el acumular por acumular, es tan alienante como la pobreza.

La ignorancia del propósito constituye un obstáculo común, generalmente insuperable para la mayoría de las personas que persiguiendo la riqueza se han perdido a sí mismas.

La providencia acompaña a todo aquel que fluye con la vida, que ha encontrado el propósito de su existencia y toma la decisión de hacer germinar la semilla de grandeza sembrada en el corazón en forma de sueños.

En el interior de cada hombre existe una fuerza poderosa, como el magma de un volcán, en ocasiones permanece dormido y hasta olvidado, pero en algún momento, desde las profundidades del ser, aflora en la superficie de la conciencia y sacude la existencia entera.

Las crisis existenciales no son sino los llamados incesantes de la fuente divina a replantear la vida sobre el propósito. Los derrumbes existenciales son siempre oportunidades de volver a construir sobre “cimiento de roca”, las crisis son sinónimos de oportunidad.

Tú serás muy feliz con la casa de tu sueños, el auto de tu sueño, el viaje de tu sueño… pero solamente si en el proceso de conseguir esas expresiones externa de la riqueza haz descubierto el propósito de tu vida, la razón fundamental que da sentido a todo.

El árbol no nace para apoderarse de un pedazo de tierra, sino para crecer todo lo posible y dar sombra y oxígeno sin pedir nada a cambio.

Tu felicidad no nace en lo que tienes, sino en lo que eres; no tendrás felicidad, más que eso, serás feliz.