En cierta  ocasión, llega una  persona a la casa de un amigo y empieza a conversar con su señora sobre temas varios, hasta que entraron en temas económicos. En algún momento de la conversación, estas fueron sus palabras:

“La verdad que yo trabajo como un burro, y no me sobra nada”, comenta el visitante. – ¡Verdad que sí! También yo trabajo como una burra y sigo tan pobre como siempre – responde la esposa de mi amigo.

Ante esto, mi amigo interviene y comenta: “Pues, precisamente ese es el punto: que trabajan como burros; yo no conozco ningún burro que haya sido próspero y dichoso, todos ellos terminan como pobres burros”.


¿Por qué trabajar como burro lo mantiene en la pobreza?

El ser humano está llegando a la conciencia de que los animales no fueron puestos en el planeta para hacer con ellos cuanto nos antoje. Se han establecido sociedades protectoras de animales e incluso legislaciones que salvaguardan a algunas especies del abuso de los seres humanos.

Los nobles burritos forman parte de las especies que están llegando a acceder al beneficio de la protección. La humanidad le está otorgando una suerte de jubilación, al exonerarlo de las arduas tareas que les tocara desempeñar a lo largo de la historia.

Pero, ¿qué tienen en común estos animalitos con aquellos seres humanos que, en forma parecida, llegan a la etapa de la jubilación en total estado de pobreza, después de 40 años de dura labor?

¿Qué hace que la mayoría de los seres humanos corran la misma suerte del pobre burro? Hasta el mismo hijo de Dios se montó encima y sin embargo, por más emblemática que haya sido su labor, su suerte no cambió nunca, fue destinado por siglos a cargar sobre su lomo penosas cargas.

De igual modo, por más brillante labor que realice, el que trabaja como burro, finalmente termina sus días con una triste jubilación ¿Por qué?

1. El burro no sueña

La cualidad más importante entre los grandes soñadores es su capacidad de soñar, de crear en su mente una imagen de cómo debería ser la vida, y no simplemente vivir como un autómata, como un papel arrastrado por el viento.

Lastimosamente, la persona que se ve obligada a trabajar como burro, ha suspendido esa actividad del alma. Se ha negado a soñar, sofocado ante las constantes frustraciones al no tener la libertad de vivir la vida que le hubiera gustado vivir. Entonces cae en el conformismo y una tediosa existencia marcada por la rutina.

Cuando el hombre renuncia a soñar, renuncia a aquella parte de su ser que le permite trascender la existencia meramente animal. Si no estás persiguiendo un sueño, nada te distingue al taciturno burrito de olería, dando vuelta en el mismo lugar, empujando día a día la misma pesada carga.

2. El burro necesita un auriga

 Al carecer de un propósito propio, el burro depende de la dirección de un auriga, que no solo lo guíe, sino de tanto en tanto lo hinque y lo garrotee para que se mueva.

Aparentemente el ser humano llega a caer en tan bajo estado de existencia. Pero al perder la dirección hacia sus sueños y sus metas personales, la persona queda sin esperanza y anula la fuente de su motivación.

Igual que el burro, la persona sin sueños y sin metas en la vida, preso en el tedio de la monotonía, queda merced a la pereza, la desidia, la apatía y otros tipos de alimañas emocionales que lo mantiene en un estado emocional muy cercano a los zombis.

El hombre ha nacido para ser libre. Cuando cae en este estado de letargo emocional pierde su estado de libertad. Necesita que alguien le diga lo que tenga que hacer y de algún modo esté pendiente de él para que en verdad lo haga. No es capaz de entrar en acción a menos que alguna situación o alguna persona lo obliguen.

No trabaja porque “quiere ir a trabajar” sino porque “tiene que ir a trabajar”.

3. El burro solo recurre a la fuerza, no a la inteligencia

 El algún momento de la historia, astutos seres humanos introdujo en la conciencia colectiva el mito de que “para ser próspero, hay que trabajar duro”. ¡Qué triste mentira!

La historia nos ha demostrado que aquellas personas que más duro trabajan todos los días, están esclavizados en su situación laboral y no pueden salir de allí. Para más, por más duro que trabajan siguen tan pobres como siempre.

He comprendido que la prosperidad no se trata de cuán duro trabajas, sino de cuan inteligentemente trabajas. Todas las personas ricas que prosperan, hacen las cosas de manera diferente, de tal modo que llegan a multiplicar su tiempo y su dinero.

Déjame que te haga esta pregunta. En la empresa en la que trabajas, ¿Quiénes son los que más duro trabajan? Y ¿Quiénes son, en cambio, los que más cobran? En muchos casos, los dueños y los ejecutivos se reúnen a las nueve de la mañana en el campo de golf. Mientras los empleados a quienes les toca el trabajo más duro, madrugan a fin de llegar a tiempo, prepara mercaderías, despachar y tener todos los informes para cuando el ejecutivo pase por la oficina.

si desea prosperidad en su vida, usted necesitad trascender la fuerza bruta. Sobre todo trascender la brutalidad en el campo de la educación financiera.

Un asno trabajando en escritorio

¿Qué tan burro eres?

Hay quien puede estar pensando: ¿Y qué culpa tengo yo de ser pobre y que me hagan trabajar como buro? ¿Qué quiere que haga si mi familia es pobre, no tengo capital y no me queda otra que trabajar todo el día como burro? O tal vez, ¿Qué voy a comer si no trabajo duro todos los días? Más aún ¿De qué me sirve soñar, si sé bien que no me alcanza ni para comer? ¿Todo el mundo está así?

Si te identificas con algunas de estas maneras de pensar, estás bastante “emburrecido”. Estás asumiendo un papel de víctima y eso contribuye a que termines tus días como el pobre burro.

Si estás muy burro así, te recomiendo que leas el artículoanterior.

Otros, un poco más proactivos, ya se están preguntando insistentemente cómo puede dejar la vida de burro que lleva tratando de alejarse lo más posible de las tres características del burro que acabamos de describir.

Hay personas que se aferran a su estado porque ya fueron afectados por el conformismo y están habituados a la sobrevivencia. Se han mentalizado en ser burro y nada hay que podamos hacer al respecto.

Pero el soñador tiene esperanza, buscará su libertad. Y sabemos que “quien busca encuentra”. Esa es la invitación para ti, nuca renunciar a tus sueños. Busca sondear los límites de tu libertad. Es la invitación a toda la humanidad. Sin dudas, estamos en los albores de grandes transformaciones en el mundo. Los cambios son numerosos y están entrando en una etapa de aceleración.

¿No me crees nada? No me creas. Pero si los burros están empezando a gozar de derechos, protección y una vida más confortable ¿no crees que es estúpido perder la esperanza?
Milciades Villalba Santos

Milciades Villalba Santos

Autor

Empresario de Networt Marketing, bloguero, orador, coach y educador de emprendedores.

Este blog es resultado de dos cosas: El sueño de ser un escritor, y la tranformación que supone en mi vida convertirme en empresario del Siglo XXI.

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